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Cambio Climático Y Devastación Ambiental: De La Academia A La Política

Manuel Martínez Morales
En mi sábana blanca vertieron hollín, han echado basura en mi verde jardín,
si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar, lo va a lamentar…
Silvio Rodríguez: Sueño de una noche de verano

I. Conocimiento y poder
En los últimos años se ha perdido el 75 por ciento de la vegetación en el Estado de Veracruz, según afirmó Héctor Narave, director de la Facultad de Biología de la Universidad Veracruzana. El biólogo mencionó también que más del 50 por ciento de las aguas residuales no son tratadas adecuadamente y que hay más de mil tiraderos de basura a cielo abierto en todo el estado, y sólo hay 12 rellenos sanitarios. (Deterioro ambiental en el estado, en aumento: Héctor Narave Torres, La Jornada Veracruz, 4/07/10, pag. 9)

Aunque esto no es novedad, ya que desde la década de los ochenta, el deterioro ambiental en Veracruz estaba más que documentado. En aquellos años, el Centro de Ecodesarrollo –dirigido por Iván Restrepo- y la Universidad Veracruzana llevaron a cabo varios proyectos de investigación con el propósito de evaluar la extensión del desequilibrio ecológico en varias regiones del estado. Por ejemplo, puedo citar el proyecto “Evaluación de los impactos ambientales y sociales de la industria petrolera en el sureste y Golfo de México”, dentro del cual colaboré, específicamente en el estudio puntual “La fauna acuática del litoral”, cuyos resultados fueron publicados en el volumen 14 de la serie, de 15 volúmenes, “Medio Ambiente en Coatzacoalcos”, editada por las instituciones arriba indicadas en 1987.

Entonces, al menos una década antes de que se considerase al cambio climático, consecuencia del calentamiento global, como otro factor a tomar en cuenta en el desequilibrio ecológico de la región, proyectos como el citado ya revelaban un creciente deterioro ambiental en el estado, con manifestaciones como son: la contaminación de ríos, lagunas y litorales; deforestación de amplias zonas boscosas; alteraciones en la distribución, composición y abundancia de flora y fauna, alteraciones climáticas significativas, etcétera. Deterioro que tiene serias consecuencias económicas y sociales, como demuestran los estudios realizados por diversos grupos de científicos, al menos durante las últimas tres décadas.

A mediados de los años noventa, científicos de diversas partes del mundo comenzaron a llamar la atención sobre las alteraciones ambientales y el cambio en el clima planetario producidos por el calentamiento global, que para ese entonces ya era detectable. Recuerdo haber asistido aquí en Xalapa (en 1998) a una mesa redonda sobre el tema organizada por Adalberto Tejeda, quien, si mal no recuerdo, entonces estaba al frente de la Facultad de Ciencias Atmosféricas de la Universidad Veracruzana. Era la primera vez que yo escuchaba planteamientos científicamente fundados sobre el calentamiento global y su impacto climatológico y ecológico. En aquella ocasión, el doctor Tejeda describió, con bastante detalle, los efectos que tendría el cambio climático en Veracruz, y delineo algunas de las medidas preventivas que tendrían que tomarse para evitar, en lo posible, efectos catastróficos en el estado.

En calidad de expositor participó también un experto cubano quien, coincidiendo con lo expuesto por Tejeda sobre el impacto del calentamiento global, describió las consecuencias desastrosas que el fenómeno tendría sobre Cuba, procediendo a describir, no aquellas medidas que tendrían que tomarse en un futuro cercano, sino las que ya estaban tomando en aquel país, como serían: la reubicación paulatina de los poblados en las zonas que eventualmente serían inundadas por el mar; la variación de los patrones de cultivo en diversos puntos del país; la creación eventual, con el apoyo de las Naciones Unidas, de un fondo para enfrentar los daños catastróficos que podría sufrir la economía cubana, etcétera.

A doce años de distancia de aquel memorable encuentro, quienes gobiernan el estado –y el país- parecen no entender (o simulan entender para adornar la demagogia con la que encubren su “falta de ignorancia”) la gravedad de la situación, pues recientemente el mismo Adalberto Tejeda ha denunciado que el gobierno del estado ha archivado el estudio que realizaron más de 70 científicos acerca del cambio climático y su impacto en Veracruz, que contiene además propuestas sobre las medidas preventivas que podrían tomarse desde ya.

Cito resumidamente la nota que da cuenta de lo declarado en días pasados por Tejeda, quien es coordinador del Programa de Estudios sobre Cambio Climático de la Universidad Veracruzana:
“A pesar de que más de 70 investigadores y especialistas trabajaron durante más de 2 años para la elaboración del Programa Veracruzano ante el Cambio Climático, el gobierno del estado ha optado por hacer a un lado las propuestas de este documento y, por el contrario, está impulsando una mala copia de la Ley Federal del Medio Ambiente…Tejeda lamentó que por cuestiones políticas y peleas entre miembros del gabinete estatal, no se ha logrado echar a andar ninguna de las acciones que proponen en dicho estudio, aun cuando lo presentaron desde el 25 de noviembre del año 2008.

Señaló que únicamente han notado una mayor mención del tema del cambio climático en el discurso oficial, pero en concreto han notado un completo desinterés por las conclusiones y propuestas de acción para hacer frente al fenómeno natural.

Resaltó que Veracruz es el primer estado de la República que logra consensuar entre especialistas, investigadores, instancias de gobierno, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil un programa de acción para enfrentar localmente el cambio climático, lo que incluye: prever sus efectos, mitigar en lo posible sus consecuencias o adaptarse a las que sean inevitables.

El investigador mencionó que el programa que elaboraron fue diseñado a partir de estudios realizados por más de 70 expertos que analizaron el impacto local y regional del fenómeno en el medio natural y en los sectores sociales, económicos, políticos y culturales.

Adalberto Tejeda Martínez recordó que cuando presentaron sus conclusiones en 2008, la excusa que dieron las autoridades es que no podían comprometerse con la creación de una ley, porque se requería hacer una consulta pública a la cual accedieron los investigadores para hacer algunas adecuaciones a su estudio.

Luego de ello, nuevamente presentaron el documento en marzo del año 2009 y desde entonces han visto el desinterés de las autoridades estatales por dar cumplimiento al Programa Veracruzano ante el Cambio Climático, al grado de que han preferido apoyar una Ley Estatal del Medio Ambiente, que es una copia de la que se propuso en el Senado de la República y que sólo regula mitigar las emisiones de contaminantes que emanan los vehículos automotores.

El investigador opinó que el panorama ante esta situación no es muy alentador, pues comentó que fue enviada una copia de este programa a los tres candidatos a la gubernatura, junto con una carta del rector de la Universidad Veracruzana, a quienes convocaba a utilizar las propuestas ahí planteadas, sin embargo, ninguno hizo mención alguna del documento.

‘Ante esto, sólo nos queda estar preparados, seguir estudiando las consecuencias y efectos al medio ambiente y estar advirtiendo los riesgos y lo que se está haciendo mal’, agregó Tejeda Martínez.” (La Jornada Veracruz, 18/06/10)
Dice Henri Lefebvré que el tecnócrata se rodea de los signos del saber, sin poseerlo realmente. Así atestiguamos como los hombres del poder público revisten sus discursos con frases ampulosas y palabras que semejan conceptos, sin serlo en realidad, como creo que las declaraciones de Adalberto Tejeda señalan con toda claridad. Empero, creo que el fondo del asunto es la relación entre poder y conocimiento.
En las condiciones actuales del sistema político mexicano, que no me detendré siquiera a describir, el conocimiento científico es absolutamente despreciado en cuanto no sea funcional al mantenimiento del estado de cosas, o en cuanto no se preste al adorno demagógico; “suerte te de Dios y que el saber poco te importe”, parece ser la socorrida máxima de quienes gobiernan el país. Para confirmarlo sólo compruébese el exiguo presupuesto destinado a las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico. Pero el tema va más allá del financiamiento: el poder teme al conocimiento, entre otras razones por la naturaleza crítica del conocimiento científico, pues éste proporciona las herramientas –teorías y métodos- que ayudan a revelar las causas de la desigualdad, la falta de democracia, el origen de la contaminación, el calentamiento global y la devastación ambiental, así como la naturaleza de tantos mecanismos de los que se vale la clase en el poder para mantener su hegemonía. Y también puede mostrarnos los instrumentos mediante los cuales se puede resistir y hacer frente a ese poder.

II. Las nuevas ciencias: de la academia a la política
Le llevó diez años a don Pablo González Casanova concluir una indagación cuyos resultados principales han sido plasmados en el libro Las Nuevas Ciencias y las Humanidades: de la Academia a la Política (UNAM-Anthropos, 2004). Difícil tarea, sobre todo si se toma en cuenta que el objetivo medular de la pesquisa se centra, por una parte, en comprender el impacto que las “nuevas ciencias” (las ciencias de la información, la inteligencia artificial, las ciencias de la complejidad, la biología molecular, etcétera) han tenido en la reconfiguración del sistema mundo, así como en la recomposición de las relaciones sociales, particularmente de las relaciones de dominación-explotación, propias de la presente etapa del capitalismo globalizado o neoliberalismo. Por otra parte, González Casanova intenta esclarecer la relación posible entre los paradigmas y métodos de las nuevas ciencias y el pensamiento crítico, particularmente aquel que es continuación de la tradición marxista.

Una de las tesis generales que sostiene González Casanova es que la comprensión de la situación sociopolítica presente -local y global- depende de estudiar y analizar la función de las tecnociencias en las estructuras de dominación y planificación económica y social, así como el potencial de aquéllas en el horizonte de los movimientos antisistémicos. Dice don Pablo: “En efecto, hoy más que nunca se comprueba que es imposible la comprensión del sistema capitalista global y sus límites históricos y sociales si no se incluyen las relaciones de dominación, apropiación y exclusión. Pero ni estas –ni las de explotación y exclusión- pueden ser comprendidas si la totalidad ampliada del pensamiento crítico no da un peso primordial a la complejidad organizada del capitalismo moderno y posmoderno, y en sus estudios y luchas deja de desentenderse de ella, o de incluirla sólo en formas esporádicas y marginales. Hoy el mundo vive bajo el dominio de un capitalismo complejo y en una situación lamentable de separación y desarticulación teórico-práctica entre quienes dominan la complejidad e ignoran y ningunean el análisis crítico marxista y quienes dominan el pensamiento crítico y sólo excepcionalmente profundizan en los problemas teórico-prácticos de la complejidad y en su redefinición de la lucha de clases y de liberación, y de los obstáculos en la construcción de un mundo alternativo.”
El planteamiento de González Casanova se inscribe en una discusión que no es nueva, y que se remonta hasta los orígenes mismos del pensamiento crítico marxista. Ya en el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels planteaban: “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesamente los instrumentos de producción (que incluyen las tecnociencias) y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales.”

El conocimiento, si es expropiado por las clases dominantes se integra a los esquemas de explotación y sujeción pero, en contradicción dialéctica, en manos de las clases explotadas es un elemento de concientización y se puede articular a las luchas de resistencia y de liberación. Esto tampoco es nuevo, pues el llamado que hacían los clásicos del marxismo para apropiarse del materialismo dialéctico y las ciencias para transformar el mundo se justificaba en esa perspectiva. González Casanova analiza en su libro los dos polos de la contradicción: las tecnociencias (los sistemas autoregulados, los escenarios virtuales, los sistemas autoorganizados, etcétera) incorporadas al proyecto de dominación imperialista, por una parte y, por la otra, estos mismos conocimientos y técnicas integrados a las estrategias de los movimientos antisistémicos.

Un punto que me interesa destacar aquí es la relación a que alude González Casanova entre el así llamado “pensamiento complejo” y el pensamiento dialéctico; asunto que también Edgar Morin advierte, aunque sea tangencialmente, en alguna parte de su obra. En esta perspectiva, eso que ha sido llamado “pensamiento complejo” puede considerarse –según mi opinión- como el pensamiento dialéctico reciclado, y mal reciclado diría yo. En otras palabras, introducirse al pensamiento complejo –a lo que llaman, cada cual a su manera, tanto González Casanova como Morin- significa remitirnos a la tradición de la filosofía dialéctica, en el curso que va desde Heráclito -según reconoce E. Morin- hasta Karel Kosik (Dialéctica de lo concreto) y José Revueltas (Dialéctica de la conciencia), pasando desde luego por Hegel, Marx, Engels, Lenin, Luckács, Marcuse y tantos otros.

En la obra de González Casanova se transluce una honda preocupación por la aparente brecha entre las ciencias y las humanidades –las dos culturas, por emplear el término acuñado por C.P. Snow. Brecha en la esfera cultural que es reflejo de la fragmentación concreta de la experiencia humana, propia del modo de producción capitalista, derivada de la separación entre el trabajo manual y el intelectual y que se expresa como enajenación del hombre de los productos de su propio trabajo. El texto comentado nos remite a diversas propuestas para remontar la escición, que devendría en la posible unidad transdisciplinaria de las nuevas ciencias y las humanidades, para integrar lo que algunos llaman ya la “tercera cultura” (Brockman, John: The Third Culture: Beyond the Scientific Revolution, Simon & Schuster, 1995).

El subtítulo del libro, de la Academia a la Política, refleja la propuesta de G. Casanova de unir ciencias y humanidades con un propósito explícitamente político: la subversión del orden capitalista y su sustitución por un nuevo orden que no puede ser más que de naturaleza socialista. Pablo González señala en esta parte, la inconsecuencia de los intelectuales dedicados a las ciencias de la complejidad, o el pensamiento complejo, que no incluyen en sus análisis la consideración del sistema social en que están inmersos y que matiza y condiciona esos análisis. De acuerdo a los cánones de Morin, el pensamiento complejo debería pensarse a sí mismo inserto en un sistema complejo al que responde y sobre el cual, a la vez, influye. Este lado ciego del pensamiento complejo hace que éste sea con facilidad incorporado –sin mayores consideraciones- a la lógica de la dominación. Pero, por otro lado, G. Casanova también apunta a la carencia de los promotores del pensamiento crítico, por su omisión en considerar la importancia de las tecnociencias y el estudio de los sistemas complejos en el apuntalamiento de ese mismo pensamiento crítico.

Para entender cabalmente el papel de las nuevas ciencias en la sociedad contemporánea, el libro de don Pablo proporciona una amplia bibliografía al respecto. Obras fundamentales para comprender la naturaleza de los sistemas complejos, más allá del discurso superficial y facilón de algunos seguidores de Edgar Morin, son los libros de Ilya Prigogine, particularmente Exploring Complexity, escrito en colaboración con G. Nicolis, donde se encontrará una descripción precisa de los procesos irreversibles, los sistemas autopoiéticos y los sistemas adaptivos complejos; también hay que remitirse a La nueva alianza, escrito por Prigogine con Isabelle Stengers, para tener una idea de la necesidad de abandonar el paradigma mecanicista cartesiano, a la luz del desarrollo de las ciencias de la complejidad Así mismo es necesario estudiar The hidden order y Emergence, ambos de J. H. Holland, especialista en inteligencia artificial y sistemas adaptivos complejos.

Hacia el final de su libro, González Casanova en un tono optimista concluye: “En todos los casos la necesidad de las nuevas ciencias y las nuevas dialécticas se convertirá en la tarea pedagógica más importante para la supervivencia del proyecto humanista y de la humanidad... Las nuevas ciencias son un nuevo modo de pensar y hacer, y ese modo de pensar y hacer obliga a un nuevo pensar-hacer dialéctico de los pueblos, los trabajadores y los ciudadanos.”

III. Conclusión
La consideración de las nuevas ciencias es pertinente en cuanto al entendimiento del cambio climático, la devastación ambiental y la relación que guarda el poder con la academia. Por una parte, las ciencias que estudian el clima, la ecología y sus relaciones mutuas pertenecen precisamente al campo de las ciencias de lo complejo pues no es posible comprender el cambio climático y la devastación ambiental, sus causas y sus efectos, más que entendiendo el fenómeno en toda su complejidad: estudiando las diversas articulaciones –en una totalidad- entre clima, medio ambiente, el contexto social presente, las relaciones de poder, el papel de los científicos y del Estado. En un sistema complejo como el aludido, el observador es a la vez un “agente” dentro del sistema; es decir sus observaciones y sus acciones en el sistema tienen un efecto en la forma en que lo comprende (al sistema) e interviene en él. El comportamiento de las “partes” que componen el sistema complejo no explica el comportamiento del sistema, sino que es comportamiento “global” del sistema el que da pie a la explicación del comportamiento de las partes.

Al estudio de las ciencias de la complejidad se puede entrar por varias puertas. Una de ellas es acercándose a las ciencias que estudian sistemas complejos, como es el caso de la climatología, la ecología y la sociología misma. Para entender cabalmente sus objetos de estudio se tiene que atender a su complejidad intrínseca. No hay que perder de vista que fue en la meteorología donde primero se empezaron a estudiar y caracterizar a los sistemas caóticos, una clase especial de sistema complejo.

En la Universidad Veracruzana existen especialistas de alto nivel que estudian sistemas complejos y la teoría de la complejidad; entre ellos se cuentan físicos, matemáticos, economistas y especialistas en ciencias atmosféricas y de la tierra, entre otros.
Además de la Universidad Veracruzana, en el Estado de Veracruz, desde hace tiempo existen, en diversas instituciones educativas y centros de investigación, cuerpos académicos consolidados y con una tradición establecida que hacen suyo el estudio de los sistemas complejos desde distintas perspectivas. Así mismo, cuando se requiere, se forman grupos transdisciplinarios para abordar el estudio de problemas específicos, como es el caso del equipo encargado de formular el Programa de Estudios sobre Cambio Climático de la Universidad Veracruzana.
Considero pertinente el llamado de Pablo González Casanova para hacer nuestras las nuevas ciencias –acercándolas a las humanidades- desde una perspectiva crítica, es decir, no acomodándolas a las conveniencias del poder sino, por el contrario, para emplearlas como uno más de los medios necesarios para construir una nueva sociedad.

Si en verdad se quiere resolver problemas como el de los efectos del cambio climático y la devastación ambiental, se cuenta con los expertos para ello; puede ser que haga falta la voluntad política, como se desprende de lo declarado por Adalberto Tejeda. La pregunta que me hago es si esto será posible dentro del podrido sistema político que hoy padecemos. Una alternativa que tendría que considerarse, podría ser lo que el investigador universitario Jaime Fisher, en su estudio sobre la dimensión política de la ciencia y la tecnología, denomina el nuevo contrato social para la ciencia y la tecnología. (J. Fisher y Salazar: El Contrato Técnico, en Acta Sociológica No. 51, Enero-Abril de 2010, pp. 39-57)
Según Ilya Prigogine, uno de los expertos en el tema, en los sistemas complejos no siempre el futuro se explica por el pasado y a partir del presente, sino que muchas veces es el futuro el que determina el presente y explica en gran medida el pasado. (Lo digo en forma simplista tal vez, pero aclaro que el fundamento de esta afirmación está muy lejos de las explicaciones teleológicas o finalistas.)
Por ello, si lo que nos espera es un mañana con un medio ambiente equilibrado y armonioso y una relación amable entre sociedad y naturaleza, entonces que esperamos para deshacernos hoy de los enemigos de ese futuro: la partidocracia y los tecnócratas ignorantes que la encabezan.

Si pienso que fui hecho para soñar el sol, y para decir cosas que despierten amor, como es posible que duerma entre saltos de angustia y dolor…….

 
 
       
 

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El 03 de Junio del 2011 El Lic. Alejandro de la Madrid, presidente de la Fundación Salvemos el Agua A.C. aparece en la introducción del noticiero de Joaquín López Doriga opinando acerca de los cambios de clima en el Estado de Veracruz. (Minuto 1.39).

 

 

 


 


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