Situada al
norte de la Ciudad y Puerto de Veracruz,
la Laguna de Vergara- Tarimoya
representa uno más de los humedales en
peligro de extinción; se agregaría al
número indeterminado de ciénegas que el
entorno ecológico de aquel puerto ha
venido perdiendo en las últimas décadas
debido a la inconsciencia,
irresponsabilidad e ineptitud de las
autoridades encargadas de administrar la
ciudad y de quienes han tenido a su
encargo la función de “defender” al
medio ambiente.
Rodeada de sur a norte, por su lado
poniente, por pantanos y lagunas ésta
ciudad ha venido creciendo
desordenadamente y sin control alguno.
Bien se dice que el hombre es el único
animal que se tropieza dos veces con la
misma piedra pues nunca acaba de
entender que muchos de sus problemas son
provocados por su acción depredadora en
contra del status natural. Zonas enteras
de la ciudad sufren cada año de
inundaciones y, como decía don Teofilito,
las seguirán padeciendo y cada año serán
más los estropicios en la medida en que
se permitan que las zonas inundables se
pueblen con nuevos moradores.
Malibran, Floresta, son apenas dos
nombres que recurren a la mente cuando
de afectaciones civiles se habla. El
daño al patrimonio familiar provocado
por las inundaciones es mínimo comparado
con el daño que agresivamente el hombre
colectivo ha hecho a la naturaleza y
esta, naturalmente, cobra su cuota.
En el sur de la conurbación, por
ejemplo, atraído por la belleza natural
del lugar, el inmoderado lucro y la sed
de vanidad se han invadido zonas que
debieran conservarse tal cual. Como los
manglares por ejemplo, porque son parte
del ciclo de autodefensa que la
naturaleza ha creado para conservar sus
microclimas. Destruidos los manglares
pronto veremos, además de la inevitable
extinción de su fauna, la penetración
sin barrera de los vientos oceánicos
hacia tierra firme en donde el objeto de
su destrucción, “viviendas dignas”, será
azotado sin defensa alguna que las
proteja.
Al largo inventario de afectaciones al
entorno físico habría que agregar ahora
la que se pretende hacer con los
terrenos aledaños a la Laguna Vergara-
Tarimoya, un espacio de aproximadamente
ocho hectáreas, declarado por el
ayuntamiento porteño como Área Natural
Protegida desde agosto de 1993 y que
ahora, según decir de los posibles
beneficiados, se entregará en 265 lotes
para convertirla en un nuevo centro de
población que, obviamente, será un punto
vulnerable más que atender de los tantos
que ya hay en aquel puerto.
La Laguna
Tarimoya, del Sistema Interdunario de la
Ciudad de Veracruz, cubre
aproximadamente 800 metros de largo, con
un ancho máximo de 100, y tres metros de
profundidad en algunos puntos,
superficie suficiente como para pensar
en su conservación y, colateralmente a
su vocación ecológica, acondicionarla
como lugar de recreo de la población y
como un atractivo turístico más de ésa
bella ciudad costeña. Pero, a cambio de
esta lógica, en contrario sensu, la
decisión edilicia se orienta por lo más
sencillo y pecaminoso: lotificar los
terrenos aledaños para construir
viviendas. |

En 1999 la ciudad de Tecolutla fue
duramente afectada por una devastadora
inundación, los ríos tienen memoria y en
esa ocasión buscó sus cauces originales
por las calles céntricas de aquella
población ribereña; en aquel mismo año
una corriente de agua buscó su salida al
mar y originó un nuevo cauce en donde
aparentemente no lo había, provocando la
necesidad de construir un puente sobre
la carretera costera a la altura del
poblado la vaqueta.
Bien por la protesta contra el atentado
a la Laguna Tarimoya que presenta la
organización ecologista “Proceso Verde”
que preside doña Isabel Estrada de Pola,
lástima que con frecuencia son voces que
parecen predicar en el desierto, a pesar
de que se intenta salvar un Oasis para
todos. Siendo la memoria colectiva
bastante precaria olvidamos en poco
tiempo lo que sucede en el entorno
geográfico, social, político, etc.,
ignoramos incluso el pasado más reciente
de nuestras ciudades. Poblamos
invadiendo áreas no habitables, pero con
el “dominio del hombre sobre la
naturaleza a través de la técnica” las
acondicionamos sin medir las
consecuencias. Después nos lamentamos
con iracundas voces buscando culpables
de lo que provocamos y pudimos haber
evitado con tan solo recordar que la
naturaleza tiene memoria y es implacable
cuando recupera sus espacios.
alfredobielma@hotmail.com
Diciembre
2007 |
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